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44. PINTURA. AUTO-RETRATO por Kimiko Yoshida – Guest of Honor, FINI-Festival Internacional de la Imaginen, UAEH, Mexico, April 18-May 31, 2013 – Español




Desde 2001, mis auto-retratos se originan en un protocolo conceptual constante: siempre el mismo sujeto (auto-retrato), un mismo enfoque (frontal), una misma luz (indirecta), un mismo principio cromático (el sujeto está pintado del mismo color que el fondo), un mismo formato (cuadrado). Maquillaje y toma directa: no hay retoque digital, no hay editing digitalizado. Una misma figura se repite entonces pero no es idéntica: entre más se repite, más difiere de ella misma.

El protocolo conceptual de esas imágenes, su principio de repetición y su lógica de abstracción lleva esos auto-retratos más allá de la problemática de la representación de sí mismo. Lejos de afirmar la búsqueda de una identidad o de un origen, de una pertenencia o de una comunidad, esas imágenes, al cruzar todo tipo de significaciones etnológicas, tienden a ser universales.


Es gracias a esa aspiración a la abstracción, al infinito del color, y es gracias a esa mirada hacia lo inmaterial que cada auto-retrato se impone como una desaparición. Estar ahí en donde no pienso estar, desaparecer en donde pienso estar, ahí está lo importante. Tal es el cogito de estos auto-retratos: pensar en donde no estoy, estar en donde no pienso, no pensar ahí donde está el ser, no estar en donde pienso pensar… Dicho de otra manera: no creer que la identidad, el origen, la pertenencia sean el destino. No someterse a los estereotipos del género y al determinismo de lo hereditario, rechazar la servidumbre voluntaria… Luchar en contra del “estado de las cosas”, ir en contra de “lo que es”: ese es el sentido mismo del arte.

En la serie Pintura. Auto-retrato el protocolo inicial (sujeto, enfoque, luz constantes) se incrementa con una segunda obligación que me impongo: el desvío sistemático de la ropa y los accesorios de moda. Ahí, ningún objeto se utiliza nunca según su función: vestidos o faldas, pantalones, zapatos o bolsas se transforman en cofias Siglo XVII, en adornos antiguos, en vestuario histórico…

Dar a una foto el título de Pintura es, en el fondo, contradecir la palabra y la cosa, contrariar lo que se dice y lo que se enseña, reunir dos opuestos. Lo que designa la palabra y lo que significa son entonces dos registros separados, contradictorios. Asimismo, lo que muestra la imagen está diferenciado de lo que significa.


Estas Pinturas las veo como retratos intemporales y abstractos, es decir, extraídos de la anécdota, del relato y de cualquier narración. Esta serie de Pinturas, concebida en el recuerdo de la historia del arte, es la evocación mental de obras maestras de antiguos maestros: es una transposición simbólica. Lejos de ser una cita o una imitación, lejos de respaldarse en el parecido o en la verosimilitud, esa simbolización sólo es la alusión retroactiva a un detalle que permanece, a veces yo misma sin saberlo, en el recuerdo.

Quise, con esa referencia a unos cuadros pintados antaño por otros artistas, introducir en mis propias obras una función de alteridad, de disimilitud. Asimismo, al dar a mis fotografías el título de Pintura introduzco de entrada una función de divergencia, de disyuntiva. Tengo consciencia de que son precisamente esos caracteres de alteridad y de disimilitud que caracterizan la unicidad de la obra de arte. Pienso que es ese alcance de oposición y de divergencia las que determinan el significado de una obra de arte.

Mirando mis auto-retratos pienso en ese verso de John Lennon (la letra inicial de I Am The Walrus): I am he, as you are he, as you are me… (“Yo soy él, como tú eres él, como tú eres yo”)… Lo que se llama “auto-retrato” es entonces el espacio de la transposición, de la desaparición, de la mutación. El auto-retrato es para mí el espacio para decirles: todo lo que no es yo, es lo que me interesa.